Colección O
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¡Tengo miedo!

Tim Bowley & Alicia Baladan

ISBN 978-84-9871-445-6

13,50

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Un niño estaba con su abuelo,
mirando el mar desde una roca.

 

De pronto, el niño dijo:
—Abuelo, no me gusta esta roca…

¿Qué pasa si un barco pirata

aparece por el horizonte?
¡TENGO MIEDO!

 

 


Descripción

 

Un niño estaba con su abuelo,
mirando el mar desde una roca.

 

De pronto, el niño dijo:
—Abuelo, no me gusta esta roca…

¿Qué pasa si un barco pirata

aparece por el horizonte?
¡TENGO MIEDO!

 

 

El abuelo, lejos de burlarse de esta ocurrencia o negar tal probabilidad, le ofrece una solución rápida para resolver la situación: ¡No pasa nada! Si aparece un barco pirata, nos escondemos detrás de esta roca y no nos verán.

 

A pesar de la respuesta tranquilizadora, a partir de este momento, se sucede una concatenación de nuevas posibilidades de peligro por parte del pequeño (un cangrejo gigante, un tiburón, una ola grande…), que el abuelo resolverá con inventiva y humor, sin perder un ápice de paciencia.

 

“Me gusta que el abuelo entre en el mundo del niño y trate sus miedos en serio. Da una repuesta creativa y en armonía con la imaginación de su nieto”, valora Tim Bowley, quien repite con OQO, tras su debut con Jack y la Muerte.

 

El miedo es un mecanismo de autoprotección muy útil en el crecimiento psico-emocional de un niño, ya que activa reacciones imprescindibles para saber enfrentarse a peligros y a situaciones de amenaza en el entorno.

 

La superación de los miedos durante la infancia permite crecer, madurar y adquirir autonomía. Por ello, más que negar o ignorar su existencia, los adultos debemos ayudar a combatirlos, sin caer en la sobreprotección, un error en el que no incurre este abuelo. Por el contrario, manteniendo siempre la calma, incita a tomar medidas imaginativas y resolutivas para superar complicaciones.

 

Algunos adultos censuran el miedo infundado de los pequeños. Con esto, lo único que se consigue es dañar su autoestima, ya que interiorizarán que lo correcto y lo pretendidamente “normal” es no sentir temor. De esta forma, se quiebra su confianza, se incrementan sus inseguridades y, consecuentemente, estos miedos irán a peor.

 

Es fundamental no banalizar sobre lo que el niño está preguntando (—Y, cuando estemos nadando, ¿qué pasa si un cangrejo gigante nos quiere comer?), sino intentar comprenderlo (Si un cangrejo gigante nos quiere comer, hacemos que somos tiburones y el cangrejo se asustará).

 

Necesita, sobre todo, sentirse tranquilo y tener cerca referencias importantes de comportamiento: en este caso, las del abuelo.

 

Entonces, el niño abrazó a su abuelo
y suspiró tranquilo:
—Abuelo, me gusta esta roca.

¡YA NO TENGO MIEDO!

 

A Tim Bowley le gustan este tipo de cuentos “en espiral”, donde concluye el relato en el mismo sitio de partida, “pero en otro punto”, ya que durante el transcurso de la historia “algo acaba resolviéndose”.

 

Al respecto de esta estructura narrativa, la ilustradora Alicia Baladan quiso dibujar la primera y la última escena del álbum (en ambas, el niño y el abuelo conversan encima de la roca) como una especie de “paréntesis”, como si los dos hubieran decidido “reservar” para ellos lo que ha sucedido en las páginas interiores.

 

En este álbum, la artista decidió jugar con dos tipos de imágenes: las “exageradas y fantásticas” para dar vida al miedo que siente el pequeño (un cangrejo o una ola gigante), mientras que las que se corresponden con las explicaciones tranquilizadoras del abuelo ofrecen al lector un “ambiente reconocible”.

 

Precisamente, son las ilustraciones del primer tipo las que menos complejas le resultaron. Así, el primer dibujo definitivo de Alicia Baladan para ¡Tengo miedo! fue la escena del cangrejo gigante.

 

Sin embargo, le llevó su tiempo “poner cara” al anciano protagonista hasta que, finalmente, decidió tomar como referente a sus propios abuelos: “me salió bastante parecido a mi abuelo materno Juanillo, incluso en el carácter: tranquilo, poco egocéntrico y buen compañero”.

 

En cuanto a la técnica utilizada, los primeros dibujos fueron realizados a trazo con tinta china. A continuación, introdujo el color haciendo un collage en Photoshop, alternando originales a lápiz y acuarela.

 

Para evitar el resultado “demasiado gráfico” que, en su opinión, ofrecen los colores de la escala Pantone del ordenador, la ilustradora escaneó matices de acuarelas y creó su propio archivo cromático.

 

Texto de Tim Bowley

Ilustraciónes de Alicia Baladan